En mayo de 1985 Madonna ocupaba la portada de la revista Time, que intentaba analizar por qué aquella chica vestida con lencería y crucifijos había revolucionado el panorama musical. La cantante de Like a Virgin arrastraba a legiones de jovencitas que la imitaban, y estaba a punto de empezar su primera gira con todo el papel vendido. El fotógrafo Martin H.M. Schreiber vio aquella portada en los quioscos de Manhattan y reconoció inmediatamente su rostro. Era la misma chica que seis años antes había posado para él. Solía hacerlo para pagar el alquiler mientras acudía a pruebas para convertirse en bailarina. Se dice que cobró unos 25 dólares (22 euros). Unos desnudos artísticos, nada de pornografía, pero que de repente valían mucho dinero. Schreiber cerró el trato con Playboy por una cifra que no trascendió, y en julio de ese año estallaba el escándalo. La revista Penthouse contraatacó y un mes después publicaba más fotos de la cantante desnuda, esta vez tomadas en 1978. Los detractores de la incipiente estrella, a la que calificaban de “mala influencia” para los adolescentes por su estilo y actitud, tenían la excusa perfecta para pedir el boicot contra ella a las radios y a la MTV. Madonna tenía que reaccionar rápido. El éxito que tanto le había costado conseguir corría un grave peligro.
Lo hizo, pero no se excusó ni intentó explicar por qué tuvo que enseñar su cuerpo para seguir adelante sola en la gran ciudad. “¡Y qué!” Esa fue su respuesta y el titular que ocupó la portada del New York Post al día siguiente. Cuando vieron la luz las fotos dePenthouse, Madonna volvió a hablar para el periódico neoyorquino y declaró “no estoy avergonzada”. Las dos portadas se convirtieron en un símbolo de la revolución sexual que lideraría la cantante en los ochenta y en iconos de la cultura pop tras pasar por las manos de dos de los más grandes artistas de la época. Andy Warhol, con la ayuda de Keith Haring, reinterpretó aquellas primeras páginas y realizó dos pinturas dentro de una serie dedicada a escándalos y famosos. Ambos eran buenos amigos de Madonna y decidieron darle su apoyo, aunque ella demostraría con el tiempo que las polémicas no le suponían ningún problema sino todo lo contrario.
